Los españoles llamaron Tierradentro a las estribaciones orientales de la cordillera central por su arrugada topografía surcada por los cañones del río Páez y sus afluentes. Hace 1.000 años, los pobladores de estos mágicos parajes excavaron en las cimas de las lomas tumbas monumentales, con cámaras subterráneas a las cuales se baja por escaleras de caracol. Pintadas con figuras geométricas rojas y negras, reproducen el interior de las viviendas; allí se colocaban en urnas funerarias los huesos exhumados de entierros anteriores.
Mil años antes que ellos, grupos que tenían estrechos contactos con San Agustín enterraron a sus muertos con ajuares, en tumbas no muy profundas. La orfebrería de Tierradentro sobresale por su calidad técnica; máscaras, orejeras, pectorales, a veces decorados con jaguares repujados que tienen colmillos sobresalientes similares a los de la estatuaria agustiniana.
Actualmente, esta región está ocupada por los indígenas Paeces.
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