
El frío altiplano andino en la frontera entre Colombia y Ecuador
fue habitado hacia los siglos VII d.C., por un grupo humano denominado
Capulí por los arqueólogos. Esta cultura que enterró
a sus caciques en tumbas con profundidades hasta de 30 o 40 metros, mantuvo
relaciones comerciales con los pobladores de la vertiente amazónica
y el litoral Pacífico y trabajó el oro fino por martillado,
con técnicas semejantes a las del Suroccidente colombiano.
Simultáneamente, la región fue ocupada por otro grupo, Piartal, cuyos objetos de cerámica, madera, textiles y piezas de orfebrería, sorprenden por el refinamiento de su diseño y por su técnica única en el panorama orfebre del país. Sus descendientes, conocidos como Tuza, sintieron la tardía influencia de los Incas del Perú, y aún habitaban la zona en la época de la conquista española.
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