
Hacia el siglo VII de nuestra era poblaron el altiplano de la cordillera
oriental colombiana los muiscas, grupo emparentado linguísticamente
con los taironas. Al momento de la conquista española, se expandían
en un territorio de 25.000 km2 y sobrepasaban el millón de habitantes.
Agricultores de maíz, papa y otros tubérculos andinos, vivían
dispersos en las laderas y los valles, sujetos a caciques que gobernaban
desde aldeas.
Dos jefes principales, el Zipa y el Zaque, aspiraban al dominio respectivo
de las zonas sur y norte del territorio.
En centros ceremoniales se congregaba periódicamente la población para rituales donde el oro cumplía un papel fundamental. Los tunjos o ídolos, figurinas pequeñas y toscas elaboradas por especialistas que en ellas representaron seres humanos, animales y escenas de la vida política y social, eran depositadas como ofrendas en templos, cuevas y lagunas sagradas.