Hacia el año mil de nuestra era el auge de las grandes piezas de oro había decaído en el Suroccidente y el valle del río Cauca fue ocupado por grupos guerreros de una tradición diferente. La orfebrería era de uso común, pero cobriza, entre los cacicazgos que enfrentaron a los conquistadores españoles portando narigueras en forma de clavo retorcido, “sobre sí puestos collares de oro, y en los pechos una armadura de oro de grandor de un plato, que llaman patenas”, según relata un cronista anónimo. “Los indios de esta tierra —escribió Cieza de León—alcanzaban mucho oro de baja ley, de a siete quilates, y alguno a más y otro menos”.
Entre Tierradentro, Popayán y Puracé, en el alto río
Cauca, se han hallado vestigios de un grupo poco conocido que produjo complicados
colgantes de oro y de tumbaga en forma de ave o de rana, mezclados con
rasgos humanos.
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