
Colombia, situada al norte de América del Sur, es bañada
por el Océano Atlántico al norte y al occidente por el Pacífico.
Como una columna vertebral, la cordillera de los Andes se prolonga desde
el sur del continente formando tres fértiles ramales, innumerables
valles, mesetas y laderas donde se agrupa la mayoría de la población
actual del país.
Antiguamente, sociedades gobernadas por caciques ocuparon este territorio. El oro, metal sagrado, engalanaba a los líderes políticos y servía de ofrenda a los dioses.
En el suroccidente colombiano, las culturas que los arqueólogos
denominan Tumaco, Calima,
Malagana, Cauca,
San Agustín, Tierradentro,
Nariño, Quimbaya
y Tolima, fueron las primeras en trabajar el
metal que encontraban en los ríos.

Hacia los comienzos de nuestra era estas sociedades vivían en aldeas
rodeadas de campos de cultivo. Redes de trueque e intercambio hacían
que las ideas y novedades se difundieran de una región a otra. Sin
embargo, el auge del Suroccidente decayó hacia el año 1.000
de nuestra era y el territorio fue ocupado por pueblos más numerosos
e igualitarios.
A la llegada de los conquistadores europeos, en 1500, la orfebrería
se destacaba en las culturas del norte: Sinú,
Urabá, Tairona,
Muisca. Sus estilos, diferentes entre sí,
comparten la preferencia por la fundición en la aleación
de oro y cobre, llamada tumbaga.
Los objetos de oro acompañaron a los muertos en sus tumbas y hoy
dan testimonio, en el Museo, de lo que debieron ser aquellos pueblos capaces
de concebirlas.